Desde el Just say no hasta el Vive sin drogas, las campañas antidrogas basadas en el miedo y la prohibición absoluta han moldeado nuestra forma de entender las sustancias psicoactivas desde la desinformación, planteando el consumo como un fracaso moral y no como un problema de salud pública. Décadas de evidencia muestran que este enfoque no reduce el consumo, pero sí aumenta los daños.