La adicción es un problema de salud pública y no una falla moral.

La medicina define la adicción como una enfermedad crónica, con ciclos de recaída y remisión comparables a los de enfermedades como la diabetes o la hipertensión. No se trata de una simple falta de voluntad. Tratarla como un delito o un defecto de carácter, en lugar de como una condición médica, solo perpetúa el estigma y aleja a las personas de la atención que necesitan. También, esta narrativa traslada el cuidado necesario de esta enfermedad del sistema de salud al sistema penal —o, peor aún, a manos de grupos sin ninguna preparación médica.

En 2024, de las

331 millones de personas

en el mundo que usaron drogas, 63 millones –es decir, 19% del total– padecían trastornos por consumo.

En 2023, casi

medio millón de muertes

se atribuyeron al consumo de drogas a nivel mundial.

Según OPS, la incidencia y prevalencia más altas de los trastornos por consumo de drogas se concentran en personas entre los

15 y 24 años.

En México, la UNODC destaca el 

aumento de problemas sanitarios

asociados al consumo de metanfetamina.

11 de las 15 ciudades mexicanas

con las mayores tasas de mortalidad por sobredosis se encuentran en las ciudades del noroeste del país, sobre todo en los estados fronterizos.

Solo 1 de cada 8

casos de consumo problemático recibe el tratamiento adecuado.

No es falta de voluntad, es falta de conocimiento

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