La medicina define la adicción como una enfermedad crónica, con ciclos de recaída y remisión comparables a los de enfermedades como la diabetes o la hipertensión. No se trata de una simple falta de voluntad. Tratarla como un delito o un defecto de carácter, en lugar de como una condición médica, solo perpetúa el estigma y aleja a las personas de la atención que necesitan. También, esta narrativa traslada el cuidado necesario de esta enfermedad del sistema de salud al sistema penal —o, peor aún, a manos de grupos sin ninguna preparación médica.